Project Description

Por la baranda de mi balcón

Por la baranda de mi balcón
veo un camino del asfalto al cielo
con un carrera por tocar a dios
donde se matan por llegar primero.

Y un gorrioncito que cuidé
y una baraja que saqué
del fondo de un sombrero rojo.
Y una pluma sin dintel
con la que escribí en la pared
los versos que la rabia hizo a su antojo.

Por la baranda de mi balcón
veo una luna de petróleo y plata
con sus cráteres escupiendo hormigón
con el que cementan la libertad humana.

Y un dramaturgo que olvidó
su obra en medio de un salón
vacío y desdichado por el tiempo.
Corazones de alcohol
que el amor se los bebió
dejando parcos sentimientos.

Y la incertidumbre que se posa
en cada paso del caminar
dejando estelas de un pasado, ya imposible regresar.

Por la baranda de mi balcón
un deseo suicida se lanza al infinito
con la voluntad de ser inmortal
adicto al vicio donde la muerte es un mito.

Y un balón que se escapó
por el hueco del ascensor
dejando mis pies solitarios.
Goteras en mi habitación
a contratiempo de un reloj
que avisa del tiempo que nos queda.
Nos queda “un último adiós”
su boquita susurró
y el llanto descansando en sus lunares.
Y hay aceras de charol
y un foco de iluminación.
Y un canto a que se rompa el decorado.

Y dos amigos que amanecen
con sus brazos rodeándose los hombro
embriagados por la odisea de la noche anterior
“¡Viva la madre que nos parió!” le gritan al sol.

Por la baranda de mi balcón

Por la baranda de mi balcón
veo un camino del asfalto al cielo
con un carrera por tocar a dios
donde se matan por llegar primero.

Y un gorrioncito que cuidé
y una baraja que saqué
del fondo de un sombrero rojo.
Y una pluma sin dintel
con la que escribí en la pared
los versos que la rabia hizo a su antojo.

Por la baranda de mi balcón
veo una luna de petróleo y plata
con sus cráteres escupiendo hormigón
con el que cementan la libertad humana.

Y un dramaturgo que olvidó
su obra en medio de un salón
vacío y desdichado por el tiempo.
Corazones de alcohol
que el amor se los bebió
dejando parcos sentimientos.

Y la incertidumbre que se posa
en cada paso del caminar
dejando estelas de un pasado, ya imposible regresar.

Por la baranda de mi balcón
un deseo suicida se lanza al infinito
con la voluntad de ser inmortal
adicto al vicio donde la muerte es un mito.

Y un balón que se escapó
por el hueco del ascensor
dejando mis pies solitarios.
Goteras en mi habitación
a contratiempo de un reloj
que avisa del tiempo que nos queda.
Nos queda “un último adiós”
su boquita susurró
y el llanto descansando en sus lunares.
Y hay aceras de charol
y un foco de iluminación.
Y un canto a que se rompa el decorado.

Y dos amigos que amanecen
con sus brazos rodeándose los hombro
embriagados por la odisea de la noche anterior
“¡Viva la madre que nos parió!” le gritan al sol.